viernes, 8 de febrero de 2008

El sacrificio del RUALDO

El sacrificio del RUALDO


Claudio Monge Pereira
Versión Midrásh Hagaddá


Muchos siglos hace, muchos antes inclusive de la intromisión de los españoles en Nuestra Tierra, el RUALDO fue un ave de plumaje sencillo que no llamaba la atención de nadie. No obstante, su canto era el más bello y dulce de toda la selva. Cuando el RUALDO cantaba, todas las aves de los alrededores callaban para no perderse ni siquiera una nota de nuestro Inspirador.

Este pájaro que a simple vista parecía ordinario, al igual que hoy, habitaba en las montañas del Norte de Heredia y su espacio se extendía hasta las faldas del Volcán Poás. Aquellos parajes se extendían hasta los Bajos del Toro y la Laguna de Hule. Ni siquiera el jaguar y el puma que imponían su poder por esos rumbos, se atrevían a interrumpir el canto maravilloso del RUALDO.

Justo muy cerca de ese volcán, se hallaba enclavado en un pequeño y verde llano, un poblado indígena que campeaba feliz y libre en armonía con la naturaleza. En sus alrededores cohabitaban fieras y otras especies animales, todas en justo equilibrio y enriqueciendo la armonía construida por el Padre de todas las criaturas. Los habitantes del poblado utilizaban de la selva lo necesario para vivir sin ofenderla.

Un día se escuchó un retumbo tan poderoso que todas las personas pensaron que el Cielo se caía sobre sus cabezas. Desesperados corrían a guarecerse en sus chozas y debajo de los árboles más grandes y frondosos. Pero como los retumbos no cesaban y el cielo no se desprendía, descubrieron que semejantes ruidos provenían de la cima del cerro más alto; al cual ellos, por un temor natural, jamás ascendían.

Entonces los más ancianos comenzaron a murmurar oraciones día y noche, mientras los jóvenes danzaban durante horas ataviados con su bellos penachos y portando flores y ramas de diferentes arbustos. Las mujeres y los niños no salían de sus chozas pidiéndole a sus Dioses misericordia: lloraban lágrimas de amor hasta anegar la tierra que pisaban para calmar la furia del coloso.

El volcán Poás mientras tanto, escupía fuego, y ríos gelatinosos e incandescentes se deslizaban por sus laderas a paso lento. A su paso todo lo arrasaban, a tal punto que los indígenas temieron que su poblado simplemente fuera arrastrado por la furia que no cesaba ni con los cantos, ni con las danzas, ni con las oraciones…ni con las lágrimas de las mujeres y de los niños. Más bien parecía enfurecerse más cada día que pasaba.

Debido a lo anterior, los sabios ancianos decidieron subir a la cima del coloso para preguntarle qué era necesario hacer para que él se apaciguara, y ellos lo complacerían. El volcán furioso deseaba sangre humana y sin ella no disminuiría su bravura. Con demasiada fuerza arrojaba piedras por los aires, y enormes chorros de vapor y lava, alcanzaban hasta cien metros de altura. Las nubes partieron de ese lugar.

Mientras todo esto sucedía, allá en la última choza del poblado, una doncella muy linda permanecía acurrucada en la oscuridad. Sólo la acompañaba un RUALDO que había nacido en uno de los horcones de su rancho y que muy pronto, fue abandonado por sus padres, de tal manera que fue la doncella quien lo terminó de alimentar hasta que creció y se fortaleció.

Cuando el RUALDO fue grande ya no se quiso alejar de la muchacha: vivía en los alrededores del rancho y devolvía su agradecimiento con bellísimos trinos y gorjeos. Ni siquiera los picudos, las caciquitas, las viudas, los cardenales, las monjitas, los quetzales o los jilgueros podían opacar su bellísimo canto. Su amiga, la doncella indígena, no cambiaba nada de lo que poseía por la felicidad que le daba su amistad.

Había quienes aseguraban que ellos vivían enamorados, el uno para el otro, como la lluvia de las montañas con el musgo que siempre amanecía fresco y terso, como si durante la larga noche y la madrugada, se fundieran en un abrazo poderoso de cuyo fruto se enriquecían la tierra y las rocas y los poderosos troncos de los árboles milenarios y frondosos.

Los ancianos decidieron que la doncella debía ser sacrificada, arrojándose ella misma a las fauces hambrientas del monstruo que se revelaba en el coloso. La llevaron hasta la cima y le pidieron que avanzara lentamente y se lanzara. Ella, temerosa caminaba, y al mirar hacia atrás, veía el resplandor de los cuchillos de obsidiana que portaban los guerreros. Si avanzaba era la muerte, y si retrocedía, también lo era.

De pronto ella se detuvo y miró que entre las nubes rojizas de fuego, humo y polvo, volaba su RUALDO. Burlando las furiosas lenguas de fuego del Volcán Poás cantaba y cantaba sus más bellas y melodiosas notas. El RUALDO se comunicaba con el coloso en el misterioso lenguaje de la Naturaleza. Pedía piedad y misericordia al gigante, ofreciéndole lo más valioso que él poseía: su canto maravilloso…su VOZ.

Era tal la dulzura de su canto que el Poás se enterneció totalmente, y de sus más profundas entrañas, brotaron chorros inmensos de lágrimas; tantas que el cráter se fue llenando hasta formar la inmensa laguna que hoy todos podemos observar. Tantas que su fuego se apaciguó y sólo subían al cielo fumarolas de vapor inofensivas que le daban al entorno ese tibio aliento que hace brotar el amor por las madrugadas.

Luego, ante el religioso y profundo silencio del pueblo, la doncella regresó con el RUALDO posado sobre su hombro. Las tórridas emanaciones de fuego que brotaban del Volcán mientras él cantaba sin cesar, le secaron su voz para siempre. Ahora es mudo. No obstante, el intenso calor doró su plumaje dándole bellísimos colores. Él salió del cráter como un ave esmaltada en el horno preciso de un Joyero Celestial.

El RUALDO es de bellos colores y tonalidades rojas, celestes, verdes y amarillas. Es un príncipe mudo que ofrendó su mayor tesoro para que regresara la paz y la tranquilidad al pueblo de su entrañable amiga; la doncella indígena. RUALDO es como Chico Mendes, o como Jaime Bustamante, o como Chico Zúñiga o como Carmen Lira: ofrendaron lo más preciado – SU VIDA – por la paz y la felicidad del prójimo.

Por eso nosotros fundamos RUALDO…para ser esa VOZ de ESPERANZA por la VIDA, es decir, por la felicidad del Ser Humano y del Planeta que nos ofrendaron.

Memorias de un pobre diablo

Estas memorias para la inmortalidad

Claudio Monge Pereira

Dios ha sido muy bueno conmigo: me nació en Grecia, donde llaman el Alto del Conejo. Me puso a crecer en los Barrios del Sur, a donde iban a atracar sus barcos de miseria todos los Pobres Diablos expulsados del campo o de la propia ciudad indiferente. Me llevó a vivir a Rusia toda mi juventud temprana, donde me encontré con el poderoso fantasma de Máximo Gorki; ese gigante que me puso sus “Universidades” entre pecho y espalda. Luego me trajo de vuelta a Costa Rica transformado en educador de futuras generaciones de Maestros y Maestras. Me unió a una mujer herediana y me puso a vivir mi vida entre la plaza principal de San Isidro y la de Santo Domingo. La Universidad de Costa Rica me juntó con grandes Seres Humanos; entre ellos, don Isaac Felipe Azofeifa. Y fue don Isaac quien me llevó hasta las “Memorias de un pobre diablo”, del insigne Maestro; también domingueño de nacimiento, don Hernán Elizondo Arce. Mi suegra era Arce, de los Arces de Santo Domingo, por ello quien quita que mis hijos y nietos estén de alguna manera emparentados con don Hernán. Por ello afirmo desde el principio que Dios ha sido bueno conmigo. Pero quizá deba decir más bien, que el Padre ha sido más que bueno conmigo, porque el primer trabajo que me asignaron como estudiante de posgrado en Literatura, fue un estudio acerca de los Premios Nacionales “Aquileo Echeverría”, en el género de novela. Y da la casualidad que me dan a don Hernán Elizondo, con sus “Memorias de un pobre diablo”. Pero ¡qué va! Como me enseñó mi amado Maestro y amigo personal, don Fernando Centeno Güel, “las casualidades no existen… todo se mueve y se acomoda de ciertas maneras y formas, porque existe una Fuerza Poderosa que todo lo ordena para nuestro crecimiento: esa Fuerza es Dios”. Por eso, reitero, es que afirmo que esa Fuerza Poderosa ha sido muy buena conmigo: me llevó desde los barriales colorados del Alto del Conejo hasta el Callejón de la Puñalada en los Barrios del Sur de la capital, y luego hasta las estepas lejanas y extensas, y me trajo de vuelta como maestro. Hace dos años me puso en la ECR…justo para que conociera en persona a este gran maestro costarricense y pudiera hoy compartir con él y con todos Ustedes, esta breve memoria que reseño.

Y la obra de don Hernán me puso en apuros, como al repugnante supervisor escolar rural que corrió de la Escuela a la bella y angelical niña Cristina, lo pusieron los estudiantes solidarios que la defendieron; y esto de mi apuro se dio porque descubrí que la obra que se me asignó para estudiar no estaba disponible en ninguna parte, salvo un ya desvencijado ejemplar en la Biblioteca Nacional, que sólo prestaban en sala. Recorrí todas las compra ventas de libros usados y todo fue infructuoso. El buen señor del Erial me prometió ayuda y darle seguimiento a mi búsqueda. Mientras tanto, el profesor Jorge Blanco me prestó su ejemplar para fotocopiarlo, so pena de perder el curso si algo le pasaba al libro.

Cuando terminé la lectura, cosa que hice de un tirón porque me quedé pegado a ella como tío Conejo al muñeco de cera, me enamoré de la obra y de su autor. Por esta razón mi trabajo lo realicé con esmero y amor, de tal manera que por ahí dicidieron publicarlo en alguna revista.

Mucho tiempo después, el buen señor del ERIAL me llamó por teléfono, para darme la buena nueva de que ya me había conseguido un ejemplar de la obra. La recogí el mismo día y después de tantos años la conservo entre mis obras más preciadas.
Estamos frente a una obra inmortal, lo cual no se puede decir de toda obra literaria, y esto lo reafirman propios y extraños, porque aceptamos que ella toca las fibras más profundas de todo corazón verdaderamente humano. Uno puede decir que luego de su lectura no se puede seguir siendo la misma persona, porque toda la Humanidad que llevamos adentro se despierta y hace bullir en nosotros ese caldo donde se cultivan las semillas de la solidaridad, la militancia y los sueños aterrizados.

Esta es una obra magistral, escrita con amor, sapiencia y clase. Y es que así escriben por lo general aquellos que no se sienten escritores, aquellos que no frecuentan los olimpos de la literatura y que no se codean con los “grandes” de la pluma. Don Hernán escribe esta obra, como tal, en una carrera contra al tiempo, y al filo de que se cierre la puerta, la introduce en el famoso certamen para ser laureada y aclamada. Esto me hizo recordar lo que mi padre, zapatero como Calufa y su entrañable amigo, me contaba acerca de como Fallas escribía los libros de un solo tirón. Le daba el ramalazo, decía papá, y se ponía a escribir con dos dedos sobre aquella vieja máquina. Y ya no se detenía hasta finalizar. Así escribió “Mamita Yunai” en 20 dias, y las yemas de sus dedos tenían ampollas con sangre cuando decidió llevársela a Carmen Lira para que se la revisara. Sé que otros grandes Maestros del relato y de la narración han trabajado así y nos han heredado obras maravillosas…como esta de don Hernán. Obras que nacen como los Héroes y las Heroínas auténticas, para no morir jamás.

Para nosotros, la obra de don Hernán debe significar lo que para el pueblo ruso significa la obra de Máximo Gorki; o para los franceses la de Víctor Hugo, o Sábato para México, o Steimbeck para los estadounidenses, por solo citar algunos casos.
Y yo no deseo hoy citar pasajes de la obra de don Hernán, porque mi deseo es que todos los presentes la lean y la vivan en sus corazones. Este libro es una obra sociológica escrita con la tinta del Alma. Para mi gusto nunca debería estar por fuera de las lecturas obligatorias del Ministerio de Educación Pública. Nuestros estudiantes no verían tambalearse sus valores con facilidad, si su formación humanística se asentara en el estudio de “Memorias de un pobre diablo”, que como otras obras inmortales saben agarrar al lector de las venas y no dejarle pasar su sangre ya más de manera indiferente.

No puedo dejar de mencionar que esta novela de don Hernán Elizondo es un Gran Poema, repleto de bellas metáforas y de imágenes literarias, que bien podrían servir de ejemplo en las Escuelas de Literatura y en los Talleres Literarios, para deleite y aprendizaje de quien desee abocarse a la escritura buena, bella e inmortal. Decía un gran maestro argentino , que el Poeta es una pequeña metáfora de Dios, y yo me atrevo a afirmar que la obra de don Hernán es una Gran Metáfora del Padre. Porque aquello que se escribe para abonar dulces rebeldías y encaminar sueños de justicia y paz duradera, es ser eco y prolongación de ese Gran Lengua que es el Creador. Por ello relaciono la novela que hoy nos reúne con el magnífico Poema Pedagógico del ukraniano Antón Semiónovich Makárenko; o con su obra también monumental “Banderas en las Torres”, cuya profunda humanidad van por el mismo camino que nos señala nuestro querido escritor costarricense.

La obra que nos tiene aquí es un faro permanente, que nos llama desde su luz, a no dejar que nuestro ánimo decaiga ni nuestras convicciones mueran, porque la diferencia entre los personajes y la vida que don Hernán inmortaliza, quizá hoy no esté tan lejos de la que sobrellevan y sufren miles de compatriotas que ahora son explotados y explotadas de otras formas, más sutiles, pero igualmente inhumanas y crueles que aquellas de los pobres diablos de antaño. Ahora no son sólo los sabaneros o los pescadores de esa prodigiosa provincia, hoy son las mujeres y los jóvenes que trabajan por salarios de hambre como mucamas, peones jardineros, guardas, lavacarros, lleva palos de golf, y otros oficios de explotación creados por el burgués siempre avaro e indiferente ante la tragedia humana del hambre, el analfabetismo y la explotación. Es decir, frente a la gran miseria humana que depara el capital seco y frío de la maquinaria materialista.

Le pido al Buen Dios que me ha llevado por muchas partes y hoy me trajo hasta aquí, que le depare a don Hernán Elizondo Arce mucha salud y muchos años de vida humana y literaria; que lo lleve siempre por ese camino bueno estampando las huellas de sabiduría y bondad que ÉL le brindó y el Maestro supo trabajar y compartir.

Como Presidente de la ECR me honro, en nombre de todo su Consejo Editorial, su personal y su Gerencia General, por tener al escritor nacional Hernán Elizondo Arce, como uno de sus huéspedes más dilectos y del cual nos enorgullecemos. Hacemos nuestro trabajo para que muy pronto, las obras nuevas de nuestros Escritores Laureados, ni siquiera tengan que ir a dictamen; es decir, que ellas tengan ese privilegio ganado por la trayectoria, el significado y el prestigio de su autor. Me referí a Máximo Gorki, cuyo nombre era Alexéi Maxímochich. Su vida de pobre diablo lo iluminó para escoger como pseudónimo ese otro nombre. En lengua rusa Maxím significa máximo, y Gorki significa amargura; de tal suerte que su nombre literario es “Máxima Amargura”. Con esto el gran escritor quería ser el vocero de los humildes, los pobres y los desheredados de su tierra. ¡ Ojalá sepamos organizarnos para construir una Sociedad en la cual, los pobres diablos, sólo sean recuerdos que encontremos retratados en la Buena Literatura!

¡Gracias don Hernán…Usted es el Maestro y nosotros sus humildes estudiantes, y lo vemos y lo admiramos con el mismo amor con que aquel chiquillo, miraba y amaba a la Niña Cristina…que sabía enseñar y orientar con la dulzura y la sapiencia de los Escogidos!

San Isidro de Heredia, Casa MONHÉR, 30 de agosto de 2006

Los libros regresan editados a su creadores

¡BUENAS NOCHES!

Señora Ministra de Cultura y Juventud María Elena Carballo
Señor Ministro de Educación don Leonardo Garnier
Compañeras y Compañeros del Consejo Directivo de la ECR
Señora Gerente General de la ECR
Amigas Escritoras, amigos Escritores…Poetas
Señoras y Señores:

Acudimos hoy a este Acto formal de entrega de las obras publicadas por la ECR a sus propietarios, mujeres y hombres; jóvenes y adultos costarricenses y extranjeros de mérito especial, con la convicción de haber cumplido una bella y noble tarea encomendada a nosotros por Ustedes, y por la Ley de creación de esta Casa Editorial de nuestro Estado. Nos gusta nombrar este momento de devolución con el símil de cosecha, conscientes de que nuestro trabajo ha consistido en cuidar y acompañar con esmero lo que ustedes sembraron con inspiración, esfuerzo, entrega, sacrificio y abnegación.

Devolvemos a sus creadores y creadoras el fruto editado de las semillas seleccionadas, sabiendo que en esa tarea se concentraron esfuerzo y tesón, y por qué no, la valentía de ofrecerle a la Sociedad el trabajo que se desarrolla durante largas e interminables horas de preocupación y desvelo. Y cuando digo semillas seleccionadas, no me refiero a la inevitable tarea de evaluar las obras presentadas a la ECR para su consideración, sino a ese dilema que enfrentan las y los escritores de cualquier país a la hora de enviar su trabajo a consideración de otros; que teniendo el poder temporal de aceptar o rechazar, saben que ante todo se está ante la obligación de respetar profundamente ese esfuerzo individual, sincero y limpio.

Tenemos hoy una Editorial Costa Rica sólida en sus Principios, es decir, consciente y consolidada en el cumplimiento de su Misión y su Visión; ordenada y conocedora de sus virtudes y de sus debilidades, dirigida por un grupo de personas de excelente calidad humana, con conocimientos y experiencia en el trabajo de leer, escribir, editar, divulgar, enriquecer y organizar la producción literaria. El Consejo Directivo está conformado por personas que conocen no sólo el arduo oficio de escribir, sino, y esto es quizás lo más importante, la relevancia que para la Patria y su Sociedad reviste publicar obras de calidad en los diversos géneros de la literatura. Esto es una garantía y una ventaja para todos, y no sólo para la ECR como empresa estatal.

Hemos logrado superar momentos difíciles con valentía, dedicación y entusiasmo, porque amamos lo que se nos ha encomendado y porque creemos en el significado histórico de la labor que despliega esta Editorial, fundada hace casi medio siglo para el enriquecimiento cultural de nuestro pueblo. Cada una y uno de nosotros ha logrado comprender, que si bien ocupamos un lugar en el Consejo Directivo nombrados por una institución que cree en nuestras posibilidades, nos debemos a las y a los escritores y al público lector en lo fundamental. Es importante para mí, como Presidente del Consejo Directivo, resaltar que nadie entre sus integrantes recalca que representa a esta o aquella organización, sino más bien a la totalidad del mundo literario y lector. En ello estriba hoy el éxito creciente de la Editorial Nacional. Esto implica que estamos comprometidas y comprometidos para continuar esa labor de autoevaluación que deberá situarnos en la primera línea de la producción editorial: selección de las mejores obras, excelentes ediciones, acertada divulgación y mercadeo moderno e insertado dentro de las características del mundo actual. Con estas palabras agradezco y reconozco el trabajo que realizan mis compañeras y compañeros del Consejo, sin cuyos aportes estos logros que hoy presentamos no serían posibles. Y reconozco también el trabajo nuevo que realiza el Personal de la ECR, en todas sus esferas, y aplaudirles ese deseo de manifestar su entrega no sólo en el cumplimiento del Plan Anual Operativo, sino y aún más, en la entrega a las labores más allá de horarios y días de la semana estrictamente laboral. En la medida que todas y todos comprendamos que las paredes que conforman el edificio que nos alberga son transparentes, en esa misma medida sabremos que la luz que adentro se forje, irradiará los caminos de la Patria como lo soñaron los Fundadores de esta Casa. Esta es la mejor manera de agradecerles a ellos y a ellas su visión y su acertada lucha por el engrandecimiento de la cultura costarricense y la educación nacional.

El Consejo Directivo, por mi medio, agradece a todas y a todos los escritores nacionales y extranjeros que pensaron en nuestra Editorial para publicar sus obras; no sólo a quienes hoy tienen la satisfacción de recibirlas, sino también a aquellas y aquellos cuyos trabajos no fueron avalados todavía o fueron descartados para formar parte de nuestro catálogo. Felicitamos a las escritoras y a los escritores que merecieron algunos de los Premios Nacionales en su género, por medio de la obra publicada por la ECR, y también a quienes mereciéndolo, no lo recibieron. Destacamos nuestra congratulación para quienes hoy serán declarados ganadores de los diferentes premios que otorgamos anualmente; así como para quienes han obtenido reconocimientos internacionales gracias a la obra publicada por nosotros.

La Gerencia General se referirá en detalle a la cantidad y a las características de las obras publicadas durante este año que cerramos, tanto en su primera edición como en reediciones o reimpresiones. Ustedes podrán apreciar la belleza y la calidad en las ediciones, mismas que invitan a penetrar en su lectura y deleite.

Para concluir este mensaje retrocedo a su inicio, cuando les hablé de las obras salidas a luz pública como Fruto de las Semillas cosechadas, llamando su atención hacia el peligro que significan para la noble tarea de escribir para los demás, la implementación en nuestro país de leyes funestas que todo lo supeditan al libre mercado; o mejor sea expresado, al mercado neoliberal. Es un craso error creer que la cultura y la educación son nichos para enriquecer exclusivamente el capital de unos cuantos, y a la vez, empobrecer el legítimo derecho de las mayorías trabajadoras a su enriquecimiento espiritual, ético y educativo. Es menester aunar esfuerzos entre las y los creadores de obras literarias para que jamás se llegue a aplicar alguna especie de UNIÓN PARA LAS OBTENCIONES LITERARIAS (UPOL), lo cual por desdicha arrojaría, metafóricamente hablando, productos culturales “transgénicos” que avasallarían el fruto de la creación de las y de los Escritores. Sepamos, por la senda patriótica de los pioneros de la Editorial Costa Rica, defender y salvaguardar nuestro Patrimonio Cultural para el sustento de las presentes y de las futuras generaciones.

Concluyo este mensaje con la ayuda de Dios:

“¡Tu Palabra es una lámpara para mi pie,
y una Luz para mi vereda!”



¡Muchas gracias!

Claudio Monge Pereira

San Isidro de Heredia, 11 de diciembre de 2007-12-11
Casa MONHÉR.

Reseña bibliográfica: Cuentos con Alas y Luz de la Escritora ANI BRENES

Sobre Cuentos con alas y luz

Ilustraciones de Norma Hidalgo

“Cuentos con alas y luz”

¿Quién mejor que un niño para hablarnos de ángeles y estrellas? Y ¿quién más que una mariposa para enseñarnos a admirar muy de cerquita las maravillas que nos ofrece la Naturaleza en cada una de sus manifestaciones , para compartir y valorar el cambio mientras usamos nuestras propias alas?

Con los cuentos de este libro, siguiendo el sendero de las luciérnagas , podemos llevar, como lo menciona en la Presentación el poeta y escritor Claudio Monge Pereira, “luz a nuestras propias cuevas, movimiento a casas y aulas que se han petrificado en el paisaje, colores allá donde la sombra intenta perpetuarse”.

Como el viejito que contaba cuentos, los padres, abuelos y maestros podrán hacer derroche de sus talentos, desgranando para los más pequeños las narraciones presentes en esta obra.
Y los pequeños lectores… algunos podrán asomarse a la ventana de su imaginación para cambiarle el color al arcoiris; mientras otros, acompañarán a la luna al baile de disfraces, en una carroza de sonrisas.

Estoy segura de que juntos, podremos hacerle cosquillas a las estrellas en este viaje de palabras con alas y luz.

La autora.

Fragmento de su obra "Cuentos con alas y luz"

"Descubre lo maravilloso de volar libre como el viento, aprende a sonreír embelleciendo cada lugar por donde pasas. No te preocupes por el tiempo que dure tu vida, sino por lo que puedas hacer durante ella en beneficio de los demás. Y da gracias a quien te hizo mariposa y escribió en tu corazón las instrucciones que te harán saber, que el momento preciso ha llegado. Entonces conocerás la verdadera felicidad, la que se alcanza cuando cambias el miedo por el amor".

La mariposa sabia

miércoles, 6 de febrero de 2008

redimiendo una estrella en plena flor

Claudio Monge Pereira







Redimiendo
una estrella en plena flor















Ediciones Red de Sol

1997



























Para Clarise Lispector:
Entrañable amor desperdiciado
en plena luz.


































"Nada como pensar
en el perpetuo amor
que no fue aquél
ni ha sido éste
pero que será el siguiente,
el verdadero, el otro”

Miguel Barnet































“Has anulado en mí toda posibilidad de olvido
Me has enseñado a actuar
como si cada acto de mi vida
fuera el más trascendente, el último”.

Miguel Barnet










cero


Aquí están mis manos de terrario
esperando el arribo desbocado
de toda tu semilla.

Ahí estás,
semilla transitiva y pura
olfateando mis cinco puntos
cardinales.

Aquí estoy, hambriento
y de sed culminado
en el deseo.

Aquí están mis manos abonadas
ovacionadas por los retoños
que brotan en sus dedos.

Ahí estás,
latiendo en la punta
de tu quilla
y embistiendo las olas
de mi aliento.

Aquí estoy,
más atento que la flor
ante el perfume
de los vientos.

¡ Sólo no desmayés, amada estrella ¡

uno


Sabemos que estás entre los ángeles extraviados
buscando el camino de retorno a la alegría.
Sabemos que no te adaptás a tu nuevo papel
de soberana y reina de la transparencia.
Sabemos que eras reina antes de partir
para tan distantes e incoloras lejanías.
Sabemos que eras todo el mundo
navegando en un puñito de huesos olvidados.
Sabemos que eras dulce
como la caña de todas la zafras hermanadas.
Sabemos que eras tierna
igual que el más estúpido de los juncos estancados.
Sabemos que eras frágil
como la nube violada por el humo.
Sabemos que naciste en las mismas entrañas
del mismísimo berrido del agua.
Sabemos que eras niña y madre
de uvas maltratadas y fortuitas.
Sabemos que eras embriagadora
igual que una borrachera irresponsable.
Sabemos que eras arcoiris
de aguaceros escondidos.
Sabemos que eras tierra regada
y sin parir.
Sabemos que eras cama crujiendo
debajo de unos huesos atrasados.
Sabemos que eras el palacio
de las lluvias ateridas.
Sabemos que eras lágrima y antorcha
quemando la mejilla
de la más vital
de las ofensas.
Sabemos que ahora estás buscando el camino de regreso
hasta los brazos de tu viudo adolorido.
Sabemos que tu viudo
es el mundo mudo: mudo...mudo...mudo.


dos


Pero dónde está tu palabra
de almíbares ocultos y perfectos,
oh amiga de espacios segregados
por la ausencia ?

Decílo sin tapujos, como el viento
cuando tierno se restriega
contra el tiempo.

Sólo decílo a raudales,
como un tango que se desborda
de los labios de un borracho
enamorado y sólo.

Y después sentáte despacito
sobre la humanidad indiferente
y procurá que tus intimidades le lleguen
hasta el alma.

Más tarde,
por la noche,
juntos nos reiremos
a pesar de la oscuridad
y de los huesos rotos de la estrella.















tres


Tardaremos lo que dura el viaje
de un beso de los labios a la lengua
para recoger las trizas de la luz
que se ha partido contra el suelo.

Usaremos la más loca de las gomas
para restituir la identidad
a la estrella asesinada
de los sueños.

La pondremos a brillar
a punta de pulidores
comerciales.

La colocaremos de nuevo en el hoyo vacío
que en el cielo dejó su accidental caída.

Aspiraremos el aire tomados de la mano
y guardaremos las palabras
para el día de tu bautizo
en el firmamento
de la fama.

Cerraremos los ojos
para que el fulgor de tus pupilas
no opaque antes de tiempo
la gloria que te espera.
























“Mientras, tus árboles pequeños, amorosos,
acurrucaban al grillo.”


Miguel Barnet

















cuatro


Nadie querrá perderse tu presencia
de colibrí agigantado:

Todos querrán ser como una flor intacta
para abrirse de pétalos
ante el pico nacarado
de tu risa.

Todos querrán ser
tu copa.

Verás cómo los sueños
son verdades que germinan
inmediatamente después
de las caídas más violentas.

Y sentirás toda la dulzura de la miel
que en el panal del tiempo
te guardaban las hadas
del olvido.

Todos querrán ser tu copa
y a mí me sobrarán manos
para llevarla presuroso hasta tu boca.














cinco


Pequeño conejo entre lobos desatados
tus manos buscan un ramo de flores
para acribillar de pétalos
la piel del enemigo.

Los lobos se marcharán en desbandada
por no poder atravesar tu perfume
con sus desesperados dientes.

Sus garras sólo serán las yemas tiernas
de la anona ya madura.

Vos, sonriente,
atravesarás el bosque embravecido
hasta la cabaña tibia y transparente de la vida.

Yo, enamorado,
te estaré esperando
con las manos temblorosas
y los huesos redoblando desde adentro
la prevista victoria.



















seis


No extrañarás
para nada la soledad del cuarto
compartido, y aquellos olores sólo serán
los ramilletes transparentes del implacable olvido.

Seguirás tan buena como entonces, y yedra jovenzuela
subirás por el muro que opacaba tu gloria de manzana:
palmo a palmo recorrerás hasta la más diminuta de las grietas
para cubrir de verde y raíz el universo disfrazado de los tiempos.

Y velarás por nosotros,
por los siglos de los siglos,
amén.

































siete


Novia de todos los tiempos, serás irrepetible,
igual que los ríos que nunca quisieron salir de la montaña
y se quedaron para siempre anclados a su historia.

Macabea, hermosa como un ovillo de lana
en las manos de una abuela hacendosa
y dubitativa. Macabea, mil veces bella
como la flor que nace sobre la roca desértica
y no se amilana ante los vientos. Macabea,
total y blanca como una nube pasajera.
Macabea, irreversible como el cielo
de todos los anhelos enigmados.

Novia eterna de los desaparecidos:
Amor sin comenzar.

































Amada: no has querido plasmarte jamás
como lo ha pensado mi divino amor.


César Vallejo
















ocho


Eternidad de flor:
Reina de la noche.
Azalea compungida.
Clavel dormido.
Poma azucarada.
Margarita perentoria.
Rosa de los tiempos.
Cala fiestera.
Jazmín olvidadizo.
Violeta dormida.
Azahar metálico.
Ave del paraíso.
Gloxinia eterna.
Gladiola escalonada.
Crisantemo taciturno.
Bromelia empapada.
Guaria desvestida.
Verdolaga extendida.
Bastón sin emperador.
Girasol cosmopolita:
Macabea: Nomeolvides de mi alma.



















nueve


Vendrás en navidad a visitarnos
con tus altos tacones de escenario,
caminarás desnuda por mis calles
como la flor ofrendada de cientos
de carrozas barnizadas por la euforia.

Te estaré esperando en aquella canción
que conocías desde niña
y me cantaste el día
en que fuiste mía
para siempre.

No te dejaré partir después de esa jornada,
porque habrás sido como un pan tibio
recién horneado: tus olores habrán fundido
para entonces mi piel de navegante desplegado.

Te quedarás aferrada a mi ancla clavada
en tus aguas de quimera
y nadie te verá detrás
de tu sonrisa.

Y nunca dejarás que yo me duerma
en tu presencia.















diez


Me contarás los pormenores de tu viaje a las estrellas,
interrumpida sólo por la constancia de mis besos.

Yo te escucharé con todo menos con mis labios.

Embelesada hablarás mientras te beso.

Las palabras que te falten
estarán en mi garganta
y las tomarás a sorbos
como al agua
de los viajes.

Seré el asta para tu bandera redimida
en esta batalla del reencuentro.

Sólo vos habitarás mis venas,

Inocente Macabea:

Amor.














once


Saltando de beso en beso
recorriste mi caudal de tibias aguas:
¡ Y era tan dulce tu risa !

Brotabas de mi boca, liberada ya
de los sueños imposibles.

Fui tu libertad.

Por vez primera te vi dormir
alejada de fantasmas pendencieros.

Fue tan grande tu entrega
como mi recibimiento.

Te vi dormir de beso en beso:
¡ Y era tan dulce tu sueño ¡
































No te hagas la que está durmiendo,
recuerda de tu trovador;
que yo ya comprendo... comprendo
la humana ecuación de tu amor.

César Vallejo














doce


Mañana no saldrás de prisa.
Te quedarás entre mis brazos,
esperando que el sol dignifique
tus pezones florecidos por la noche
en el nutriente terruño de mi lengua.

La vieja jornada laboral será un recuerdo.

Tus pasos regresarán mansos y cordiales
hasta el marco de la puerta
que en cedro dulce
te talló mi mano.

Vendrás sonriente
como una alegría que recién comienza,
y llena de sorpresas
estampa sobre el aire
sus primeros pasos.

La oficina habrá muerto para siempre,
como la furtiva lágrima caída
que no conoce el camino
de regreso.
















trece


Subirás las gradas
como si fueran las costillas
que conducen a mi carne.

Nadie habrá visto semejante alegría
taconeándole a la vida.

Mi temor a que tu sonrisa
se vaya como una golondrina
habrá empezado.

¿ Quién en su cordura
no lucharía por detenerla ?




























catorce


Para cuando llegués,
mi pecho retumbará de la misma manera
que los poblados pobres
azotados por el terremoto.

Sólo alegrías pronunciará mi boca.

Serás recibida como la más opulenta de las alacenas.

Mi pobreza misionera se acercará a su fin.

Recuerdo será mi celibato:

El pan, contigo,
habrá llegado
para siempre.
























quince


Porque el amor transforma
cuando uno decidido
se mete en esas aguas
y las goza.

Porque esas aguas vivifican.

Porque se hace verdad la vida.

Porque somos uno y muchos
como el burití en el sertón.

Porque todo se hace obvio.

Porque con amor he decidido redimirte
y llenarte de fiesta la piel y la mañana;
para siempre, escarpín de terciopelo:
para siempre, y más allá aún
de ese lugar.


























Hasta cuándo estaremos esperando lo que
no se nos debe...


César Vallejo















dieciséis


La melancolía será amputada de tus pasos
por el hacha bisturí de mi arsenal azul,
para que llevés una carga menos
y una esperanza más.

La olvidarás rápidamente,
como los niños que por la tarde olvidan
las ofensas de la mañana y son felices.

Y ella no habitará más debajo de tu piel,
ni en el renovado laberinto de tu pensamiento:

Habrás aprendido a pensar por tu propia cuenta...

¡Serás mujer, al fin!

























diecisiete


Aprenderás a mostrar la señal de la victoria,

y se te dará tan suave ese aprendizaje
como un puño de nubes acumulando regocijo.

Te descargarás, según tu antojo,
sobre todas las cosas que se muevan,
y aún te quedarán fuerzas para todo lo demás.

Anegarás los ojos resecos de la historia
para que todos puedan ver por la pupila
tu innegable carrera afortunada
colocando su huella en la victoria.

Y no te detendrás jamás,
hasta llegar transitada y sudorosa
con la señal de la victoria al frente de tu cuerpo,
habitado ya por la repetición
inequívoca de mis huesos mis besos y mis sueños.





















Dieciocho


Dieciocho veces te diré te quiero,
con la misma dulzura con que se descubrió
la caña en los pueblos más amargos.

Verás que van mis labios a tu encuentro,
analfabetos de amargura y de lamento.

Y cuando me divisés seremos tres;
los mismos tres que descubrimos la noche
del encuentro.

La herencia será luchar contra toda la tristeza,
y nuestro fruto será el fruto de tu vientre
y de mis besos.



























Diecinueve


Le jugaremos una treta a la magia
que se pudre en los suburbios
y nos iremos sin pagarle sus monedas
de traición.

Nuestras risas atrapadas
por la libertad de los fantasmas
rebotarán contra los árboles silenciosos
de la inevitable descendencia.

Y no te morirás jamás,
porque mi amor de colibrí
te habrá depositado en el fondo
de la eterna flor de la verdad.
















Claudio Monge Pereira.
Setiembre 15, 1997.
San Isidro, Heredia, Casa MonHér.





















Dedicatoria:

A Macabea de nuevo:
¡ Muchas gracias por amarme así !






































“ Ya ve cómo han servido las palabras,
cómo el recuerdo cumple siempre su reclamo de poesía,
cómo usted ya no es un pobre diablo al que preocupan las rosas,
un pobre diablo que tuvo antaño un poco de corazón...”

Miguel Barnet











Índice :


Dedicatoria a Clarise Lispector

Reflexión de Miguel Barnet

Desde la raíz hasta el follaje, o lo que otros
llaman prólogo: Claudio Monge Pereira

“Has anulado en mí
toda posibilidad de olvido” :

Aquí están
Sabemos
Pero dónde está
Tardaremos

“Mientras tus árboles pequeños” :

Nadie querrá
Pequeño conejo
No extrañarás
Novia de todos los tiempos

“Amada:
no has querido plasmarte jamás...”

Eternidad de flor
Vendrás en navidad a visitarnos
Me contarás
Saltando de beso en beso

“No te hagas la que está durmiendo...”

Mañana no saldrás de prisa
Subirás las gradas
Para cuando llegués
Porque

“Hasta cuándo estaremos esperando...”

La melancolía
Aprenderás
Dieciocho veces
Le jugaremos

Dedicatoria a Macabea

Reflexión Final de Miguel Barnet