jueves, 24 de abril de 2008

DE MAESTROS Y MINISTROS




De maestros y ministros

Claudio Monge Pereira

Jamás se borrará de nuestra memoria aquella mueca que pretendía ser una sonrisa de prepotencia. Y no será por lo repugnante que resultaba, sino por provenir de un supuesto caballero. Claro que asistir todos los días a un Juzgado, durante la realización de un juicio contra uno de sus amigos, no hace a nadie caballero. Ni tampoco lo hace el hecho de ser elevado al rango de ministro por haber hecho barra durante muchos días en aquel Juzgado. Para eso sólo se necesitaba estar de vago y tener todo el tiempo libre para hacer muecas a la prensa. Sí…muecas con esa sonrisa bobalicona de caballo actor como no hay dos.
Mientras esto sucedía, los maestros de Costa Rica desarrollaban su inmensa tarea por la Patria, y aunque muchos supieran que al fin de mes su salario se perdería en alguna computadora, la devoción y el cariño no mermaban.
Pasaron algunos meses y el hincha de los Juzgados fue coronado como el adalid de las muecas desperdigadas; fue elevado al rango de ministro de todos los que nos ganamos el pan con el sudor de la frente, porque ha de saberse que la mayoría de los maestros anda a pie y que en el caso de las escuelas rurales, las caminatas son extenuantes y largas. Tampoco se cuenta con aire acondicionado ni en las aulas ni en las salitas para profesores. Eso sólo es para los ministros o sus asesores. O para bombetas que viven del erario público sin aportarle nada al país. En cambio, los maestros sí se sudan la gota gorda; ya sea chapaleando barro camino a Tiquiritos o tratando de no ahogarse en las empinadas y mojadas cuestas de Matinilla de Salitral; y ni qué decir de aquellos barrancos por el Socorro de Vara Blanca. En esos lugares, al más sonriente de los ministros se le apaga la sonrisa...o la mueca, según sea el caso.
El señor del cuentito la agarró contra los maestros y nos conculcó un derecho legítimo. Nos apuñaleó, conjuntamente con sus diputados nocturnos, y nos destrozó un régimen de pensiones que medio permitía vivir con algún decoro; sin la necesidad apremiante de vender ropa de segunda, perfumes, rifas, enciclopedias o conocimientos a universidades de dudosa reputación y calidad. Cuando él hacía clientelismo buscando el ministerio, los maestros llenábamos las calles como nunca antes nadie lo hizo ni lo hará en el futuro, a no ser que algún día recuperemos la fe burlada y les hagamos temblar sus quijadas. Se paraba en lo alto de un oculto balcón y dejaba caer sus muecas como pesados cepos sobre los pies cansados del Magisterio Nacional. Él creía que sonreía. Nosotros sabíamos que era una mueca ministerial. Pero se salió con la suya y nos dejó al garete. Y fue un mentiroso, porque ni siquiera rozó los otros regímenes que sí son de privilegio. Ahora los maestros pensamos en varios oficios y se nos olvidó votar. Votamos protesta no votando ni por ellos ni por sus turecas.
Regresamos a las aulas a cumplir con el mandato de los Fines de la Educación Costarricense: matemática, música, historia, lengua materna, idiomas, ciencias; y cada vez menos humanismo, porque el globalitarismo no tiene espacio para este, ya que no se traduce en dólares. Él, en cambio, se apiadó al tiempo de nuestros espoliados hermanos nicaragüenses y les ayudó mucho a través de una fundación. Los maestros entendemos bien por qué aman las fundaciones, oficiales y oficialistas; sobre todo cuando tienen a la familia bien acomodada en sus directivas y gerencia. Se parecen tanto los ministros y los exministros en esto del humanismo que practican, que hoy día tenemos más hermanos cubanos y nicas en este pequeño terruño. Estos “demócratas” los traen a nuestro país por unos dólares más…para ellos y sus privilegios. Son abogánsteres del humanismo metálico.
Los maestros sabemos que los molinos de la historia muelen despacio pero que muelen fino; sabemos que entre los balcones sonrientes y las calles empapadas de sudor hay un Martí de por medio. Entendemos muy bien la realidad nacional porque para explicarla nos preparamos. Y entendemos que todo lo que sube baja inexorablemnte, y que las muecas que pretendían ser sonrisas, se convierten con el tiempo en vinagre del malo y en lágrimas históricas.
Hoy los maestros no tenemos derecho a una pensión digna; de igual manera que no todos los hermanos cubanos en Costa Rica tienen una visa limpia, o que los explotados nicaragüenses tengan una tarjeta totalmente humanitaria. Hoy, un sector de la prensa se puso un clavel en el ojal. Hoy, los maestros nos sentimos orgullosos de que muchos de esos periodistas hayan pasado por nuestro cariño y devoción. Hoy, dormiremos repitiendo las palabras del apóstol cubano: “Las deudas de honor no se cobran con dinero”.
Yo digo que se cobran construyendo la Historia, a diferencia de ellos que sólo la hacen. ¡ Y siempre llegaremos con una sonrisa de verdad a nuestras aulas, desperdigando esos pétalos heredados por García Flamenco, García Monge, Omar Dengo…Carmen Lyra !

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